Hondarribia es un espacio único donde se unen océano, montes y ríos con una amplia y variada oferta turística.

La ciudad protegida ha sabido preservar su gran patrimonio natural e histórico, donde los vestigios romanos y medievales así como la arquitectura de principios de siglo y neo-vasca constituyen el decorado de sus calles.

Engarzado entre el mar y la montaña, es un lugar ideal para ir de excursión por los montes cercanos, alojarse en agroturismos y conocer más de cerca el medio rural, practicar deportes náuticos, descansar en uno de sus camping o centros de vacaciones, o bien gozar del relax, las compras y los festivales, alojados en una tradicional casa rural o en un hotel de lujo.

Hondarribia conmemoró el 18 de abril de 2003 el 800 aniversario de la entrega de la Carta Puebla por el rey Alfonso VIII de Castilla, constituyéndose en la segunda villa de realengo guipuzcoana, hoy en día una de las más bellas del litoral cantábrico, un destino ineludible. Hondarribia fue ya habitada en el paleolítico, los vestigios más antiguos se localizan en lo alto del monte Jaizkibel, estando también acreditada la presencia de los romanos a través de los restos que a lo largo de los últimos años han ido apareciendo en las sucesivas excavaciones arqueológicas que sistemáticamente se realizan en el Casco Antiguo y otras zonas del municipio.

El hallazgo de ajuares arqueológicos de la época romana prueban la existencia de un asentamiento durante los primeros siglos de nuestra era en el promontorio que actualmente ocupa el recinto amurallado. Fue el año 1203, sin embargo, cuando el rey de Castilla y Toledo, Alfonso VIII otorga la Carta Puebla de Hondarribia, un Fuero que con el fin de consolidar su autoridad la convierte en la segunda villa de Gipuzkoa, aunque puede sostenerse la existencia de una cierta organización municipal anterior a esta concesión, ya que la Carta Puebla va dirigida al Concilio de Fonterabia.

Hondarribia, nombre oficial y primigenio de Fuenterrabía (en la concesión del Fuero a San Sebastián, en 1180, se nombra a Undarribia), es la única ciudad amurallada en Gipuzkoa. Otras muchas localidades fueron recintos murados con puertas de acceso, puentes y puestos de guardia. Hoy día no queda ninguna. Las murallas fueron derruidas; en su emplazamiento surgieron bulevares, calles o jardines… Hondarribia, sin embargo, puede mostrar un trazado urbanístico y arquitectónico que es exponente de unas formas de vivir propias de otros tiempos, pero que pueden ser conocidas por gentes de hoy.

Su situación fronteriza le ha obligado a estar rodeada de cercos o murallas desde mucho antes de su fundación como villazgo. La primitiva muralla medieval que protegió la ciudad durante siglos, de la que se conocen numerosos testimonios arqueológicos, era incapaz de resistir la potencia de las nuevas piezas de artillería desarrolladas a lo largo del siglo XV, y durante el reinado de los Reyes Católicos comenzó a construirse la muralla que conocemos hoy en día. Baluartes, cubos y grandes lienzos de muralla serían testigos de cruentas batallas que escribirían los pasajes más conocidos de su historia.

Pero no todo eran guerras. Hondarribia fue también durante la edad Media un próspero puerto comercial desde donde se embarcan numerosos productos (trigo, vino, metales…) de Castilla y Navarra con destino a Flandes y otros puertos de Europa.

Parece ser que el primero que se ocupó de fortificar Hondarribia fue el rey Sancho II Abarca, de Navarra. También se interesó en ello Sancho VI el Sabio. Sancho el Fuerte de Navarra hizo en Hondarribia importantes fortificaciones tanto en casas-torre como de murallas.